Yo leo a los maestros

lunes, 20 de abril de 2009

LI PO (701 - 762) China


BEBIENDO SOLO A LA LUZ DE LA LUNA

Entre las flores , un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.
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EL CANTO DEL INSPECTOR TING

Y Yunyang envía levas de obreros al Yangtsé;
ambas riberas del río están plagadas de hombres y de
tráfico.
Cuando los búfalos de Wu acezan bajo la luna,
arrastrar los barcos es trabajo agotador.
Las aguas del río, demasiado fangosas para ser bebidas,
llenan de espeso cieno la mitad del recipiente.
Cuando los trabajadores entonan el Canto del Inspector,
los corazones se rompen, las lágrimas corren como lluvia,
diez mil trabajan de esclavos en la presa,
¿pero quién arrastrará la piedra hasta la ribera del río?
Mirad allá, los pétreos Mang y Tang.
¡Cuántas lágrimas han caído aquí desde los tiempos
antiguos!
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EL SAPO ATACA A LA LUNA DE YAO-TAI

El sapo ataca a la luna de Yao- Tai
y se la traga.
El disco brillante se extingue en el seno del firmamento,
las tinieblas se engullen el alma de oro.
El arcoiris atraviesa las constelaciones de Sen-Wei,
el sol naciente opaca la luz matinal.
Las nubes flotantes separan a los dos astros,
todo es incierto como en un sueño.
Aislado, aislado el palacio de Tchang Men:
antes inspiraba a nuestros antepasados, ¡ahora no existe
ya!
El laurel roído por los insectos florece, pero no trae
frutos,
el cielo duplica su desgracia cubriéndolo de escarcha.
Me entristece. Suspiro en la larga noche solitaria
y las lágrimas humedecen mi ropa.
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CONTEMPLANDO LA CASCADA DE LUSHAN

Al alba, el pico del incensario exhala vapor púrpura,
lejos cae la catarata, corriente vertical;
rueda hacia abajo, desde trescientos pies
como si el Río de Plata estuviera cayendo del cielo.
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MU WANG Y WU TI

Mu Wang de los CHen, quería visitar los ocho desiertos,
Wu Ti, de los Han, dominaba a diez mil súbditos,
pero ni los placeres ni la ambición los satisfacían
ni las hazañas ni la gloria los deslumbraban.
El uno en las riberas del mar occidental,
ofreció un festín a Si Wang-mu,
el otro en el Palacio del Norte
invitó a Chang-yuan.
En el Estanque de Jade se escucha aún el eco de los
cantos de antaño,
pero la bebida de la Taza de Jade no proporciona la
inmortalidad.
Las hierbas silvestres invaden los palacios embrujados
por esos inmortales.
¡Es inútil gemir por los espíritus desaparecidos hace mil
años!
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VERSOS EN EL VIEJO ESTILO

Grandes carrozas levantan remolinos de polvo
oscureciendo los campos en pleno mediodía.
¡De qué abundancia de oro disponen estos eunucos
poderosos
cuyas mansiones llegan hasta las nubes!
Vedlos en camino hacia una riña de gallos,
¡qué magníficas tocas, qué palios!
El aliento que les brota de las fosas nasales forma
un doble arcoiris.
Las gentes junto al camino se estremecen de pánico.
Desde los tiempos del docto anciano que se lavó las
orejas
no hay nadie que distinga entre Yao y Chih.
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PENSAMIENTOS EN LA NOCHE SILENCIOSA

Debajo de mi lecho ¿se ha escarchado en el suelo
un charco de luz?
Levanto los ojos y veo la luna,
inclino la cabeza y pienso en el hogar.
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EL SUEÑO DE CHUANG CHENG

En sueños, Chuang Chen se convierte en mariposa
y la mariposa vuelve a ser Chuang Chen.
Un solo cuerpo toma diversas formas.
Las cosas de aquí abajo son en verdad inciertas.
¡Quién sabe si el agua de Pen-lai no proviene de un
humilde arroyuelo!
El que ahora cultiva melones en Puertas Verdes
era ayer el duque de Tong-ling.
Nobleza y fortuna son así, fugitivas.
¿Hacia qué parte corres y qué es lo que deseas?
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FELIZ ENCUENTRO

El viento de la primavera nos embriaga
y sería feliz si los tres pájaros azules, mensajeros del
cielo,
quisieran llevarte de cuando en cuando mis tiernos
pensamientos.
Debes saber que el tiempo se va raudo,
nuestros negros cabellos muy pronto serán blancos.
Lamentamos la juventud perdida
¡pero ella no retorna nunca más!
¡Quiero decirte que te amo
y ojalá que tu amor responda al mío!
La vida humana se parece a la cera que escurre de los cirios,
cuando la cera se consume, la luz se extingue.
Las flores se abren más y más bellas en las ramas;
mientras la primavera avanza hacia su fin
ellas sólo piensan en las delicias del rocío y la lluvia,
¡no piensan nunca en su fin tan cercano!
Cuando mi alma se evadió de mi cuerpo rígido,
yo estaba triste al ver mi sepulcro en Tangtú.
La niebla matinal envolvía el bosque de pinos verdes
y allá lejos, la aldea se hundía entre la bruma.
Pero después de la muerte de mis hijos amados
ninguna atadura terrestre aprisionó mi alma.
Entonces suspiré largamente y subí al Kuen-Luen.
Siempre borracho de vino, me vestí con un traje parecido
a las plumas del fénix.
El monte es tan elevado que se pueden coger las estrellas
a sus pies.
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LUCHANDO AL SUR DE LA CIUDAD

El año pasado luchamos en las puertas del Sangkan;
este año, a lo largo de los lechos de los ríos en el Pamir,
hemos lavado nuestras espadas en la espuma de los mares
partos
y apacentamos nuestros caballos entre las nieves de
Tienshan.
Después de una campaña de diez mil líes
nuestros hombres están fatigados y envejecidos.
Batallar, masacrar, para los hunos es igual que sembrar:
huesos blancos son la única cosecha en estas arenas
amarillas.
Donde la Casa de Chin construyó la Gran Muralla contra
los nómades,
la Casa de Han conservó encendidos los fuegos del faro
y éstos arden aún:
parece que no hay fin para la lucha.
En el yermo los hombres se cortan en pedazos,
caballos sin jinete relinchan furiosamente hacia los cielos,
milanos y cuervos arrancan las entrañas humanas,
vuelan con ellas y las cuelgan
en las ramas de los árboles muertos.
La sangre de los soldados mancha la hierba y las zarzas.
¿Para qué sirve un jefe sin sus tropas?
La guerra es algo temible
y el príncipe juicioso recurre a ella sólo si debe hacerlo.
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